martes, 16 de agosto de 2016

Privilegio, nombre masculino. Texto de Roy Galán




Privilegio, nombre masculino.
Soy hombre y soy un privilegiado.
Lo soy porque existe un acuerdo tácito entre machos.
Que se han concedido a sí mismos un privilegio gracioso y odioso que afecta a las mujeres.
Por eso estoy exento.
Estoy exento de que se me pregunte en público sobre mi indumentaria.
Sobre mi edad.
Sobre mi físico.
Sobre si voy a ser padre o no.
Estoy exento de sentir miedo al volver a casa solo de madrugada.
Puedo regresar cazando Pokémons sin miedo a que me metan en un portal.
Y me violen.
Estoy exento de que me digan puta por ser libre.
Por follar lo que quiero cuando quiero con quien quiero.
De hecho, los machos me aplauden más fuerte si lo hago mucho.
Estoy exento de poner una lavadora.
La ropa sucia la dejo en el suelo y aparece limpia y doblada en mi armario.
Igual que la cama hecha.
O la comida preparada.
Estoy exento de tener que aguantar miradas mirándome el paquete mientras alguien se relame y me grita lo que quiere, sin ser yo nada de eso.
Estoy exento de las leyes que se inmiscuyen en mi cuerpo y me impiden decidir si quiero ser padre, o no.
Estoy exento de tener que trabajar más para cobrar lo mismo que mis compañeros.
Estoy exento de que Pérez Reverte me abra la puerta en una librería para luego calificar mis andares.
Estoy exento de que me asesinen por mi condición de hombre.
De que alguien me considere de su propiedad.
Que me posea hasta arrancarme la existencia.
Estoy exento de que me llamen feminazi si reclamo la igualdad.
Estoy exento de depilar mis axilas, mis piernas o mis huevos.
Estoy exento de que mi NO se interprete como un SÍ.
Mi NO es un NO.
Soy hombre y soy un privilegiado.
Y si fuera heterosexual, sería ya el puto amo.
Sería Dios.
Ser hombre es un jodido chollo.
De los grandes.
Nos tocó la lotería, la chochona y el piso en Torrevieja.
Todas estas prerrogativas nos conceden un tiempo precioso.
Un tiempo libre de lucha.
Un desgaste menos de nuestra energía.
¿Y qué haces tú, hombre, con todo ese regalo?
¿Te unes a la oprimida o te rascas los cojones?
Estoy harto de todas esas franquicias de machos abiertas por todos lados.
Incluso en las cabezas de las propias mujeres.
De esa globalización de lo injusto por sistema.
El mundo está lleno de hombres privilegiados que nunca han sido conscientes de su privilegio.
Eso es lo más terrible de todo.
Ser incapaz de salirse de uno mismo.
Para darse cuenta de la desigualdad.
El planeta se divide entre aquellos a los que nunca nada les molestó.
Para los que la vida es un tobogán rápido y limpio.
Y luego estamos el resto.
A las que no nos dejan subir.
O nos quedamos atascados a la mitad y nos señalan y se ríen.
O simplemente se nos rompe.
Y tenemos que seguir con las piernas rotas hasta la meta.
No sé tú.
Pero yo hace tiempo que no contribuyo a la diversión del resto.
O todas divertidas.
O ninguno.
Privilegio, nombre vivo.
La existencia es el único privilegio.
Con el que debemos procurar la igualdad real.
Para todos.
Y para todas.

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