domingo, 25 de mayo de 2014

Viaje al mundo extremo de un salar carmesí

Un paisaje tan bello como inquietante. El fotógrafo Sergey Anashkevych decidió explorar el paisaje multicolor de un salar abandonado en Crimea, luego de verlo desde un tren.

Las aguas rojas centelleantes tienen ese color por la presencia de Halobacterium, un género de microorganismos cuyo metabolismo requiere medios con altas concentraciones de sal.

Los Halobacterium son microorganismos pertenecientes al dominio llamado Archaea. Las arqueas, como las bacterias, son procariotes que carecen de núcleo celular o cualquier otro orgánulo dentro de las células. En el pasado, se las consideró un grupo inusual de bacterias, pero como tienen una historia evolutiva diferente y características propias actualmente se las clasifica como un dominio distinto.

Cuando Crimea era parte de la antigua Unión Soviética, el salar era explotado para extraer salmuera para la industria química.

Del cloruro de sodio o la sal común pueden extraerse muchas sustancias útiles, como el hidróxido de sodio o soda cáustica, que se usa en la industria del papel y textiles, en la fabricación de detergentes y a nivel doméstico para desbloquear tuberías.

Aún permanecen vestigios de la estructura de madera de la planta de producción. El salar se encuentra en un área de Crimea conocida por su sistema de lagunas y terrenos pantanosos.

"El aire es muy húmedo y por la gran cantidad de sal uno tiene la sensación de que también es pegajoso", dice Anashkevych.

"Todo acaba cubierto por un película pegajosa, la piel, la ropa, la cámara, todo. Y el otro problema es el olor, que no podría describir como agradable", señala el fotógrafo.

Fuente: BBC Mundo
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