lunes, 26 de noviembre de 2012

GAMBIA: La sonrisa de África (de MarioV)


por frivera


Como no sabía muy bien por dónde empezar este reportaje, quizá lo haga por explicar por qué elegí Gambia y no otro sitio como destino.

Gambia es el país más pequeño de Africa, de unos 350 ó 400 Kms de largo y unos 50 Kms de ancho aproximadamente y ya que no disponía de demasiados días pensé que sería una buena oportunidad de conocer un país africano casi en su totalidad debido a su reducido tamaño, por otro lado Gambia presume de ser uno de los sitios más estables y apacibles donde puedes pasear por sus calles y pueblos con total tranquilidad a cualquier hora del día, el único inconveniente de dar una vuelta por la noche no es otro que la falta de iluminación, es un país en el cual por cualquier rincón del mismo podéis escuchar a personas cuya primera frase será un lema que se ha convertido en toda una filosofía de vida para sus habitantes “In Gambia, no problem”.


Llegamos al aeropuerto de Yundum bien entrada la noche, un calor húmedo envolvía toda la Terminal y los pocos que estábamos atraíamos buena parte de las miradas de los allí presentes, tras los trámites burocráticos tomamos apresuradamente un destartalado taxi que nos llevaría a Banjul, la capital, casualmente ese día hubo un apagón general y las luces brillaban por su ausencia, buen momento para los amantes de las fotografías nocturnas, ni rastro de contaminación lumínica aunque también reconozco por otro lado que costaba incluso ver la carretera.

Al día siguiente y ya con la luz del día eso ya era otra cosa, nos encontrábamos en plena capital y una vez introducidos en sus arenosas calles todo parecía tomar otro color, aconsejaría un imprescindible paseo por el casco antiguo donde un amplio conjunto de decrépitos edificios de estilo colonial está esperando al visitante.


Gambia no es el típico lugar lleno de monumentos y sitios de obligada visita, es un lugar para perderse y descubrir los pequeños detalles que te ofrecen sus ciudades y pueblos, esos que convierten a sitios como éste en lugares llenos del encanto de lo cotidiano y lo desconocido, esos mercados y puestos callejeros de ajetreo constante en los que uno se puede empapar de los olores de los puestos de especias, de las frutas recién recogidas y de verduras radiantes de color.

Para ello nada mejor que deambular por St. Albert Market, donde el ambiente de compra y venta lo inunda todo junto a un maremagnum de olores y colores, puestos de ropa, artesanías, pescado, también puestos de cosas inservibles y todo aquello que te quieras imaginar allí lo puedes encontrar, puede llegar a resultar laberíntico con sus estrechos pasillos y callejuelas no estando de más dejarse guiar por algún amable lugareño a cambio de una pequeña compensación económica.



Otra visita curiosa y recomendable es coger el ferry en el puerto que atraviesa el río Gambia, en un corto trayecto hasta Barra, el barco, un enorme amasijo de hierros que desconoce horario alguno y que cuando crees que está completo es que todavía faltan muchas personas y mercancías por llegar, es como si la palabra “aforo” no tuviese traducción al inglés o al wolof, un trasiego constante de camiones, coches y viajeros que van cogiendo sitio más tarde o temprano en función de la propina que son capaces de pagar, todo ello envuelto en un murmullo constante de gente y del traqueteo del viejo motor del barco, en este lugar hacer fotografías supone todo un deporte de riesgo pues se mezcla gente de distintas nacionalidades y no todas tienen el apacible carácter gambiano.

Desde el barco pudimos contemplar cómo se descargan las mercancías hasta la orilla de la playa, a la vieja usanza pues los hombres se introducen en el agua hasta alcanzar la barca que les espera cargada de arroz y les facilitarán uno o dos sacos que éstos transportarán sobre sus cabezas pudiendo portar unos cincuenta kilos por viaje a cambio de lo que supondrá unos pocos céntimos de euro al final de la larga jornada. 


Próximo a la capital, nos encontramos con Serekunda, allí está el mercado más grande de Gambia, un ambiente plagado de comerciantes y compradores, donde el bullicio y un sinfín de variados productos comparten el mismo espacio y transitar por sus calles sin perderse se convierte en todo un ejercicio de orientación, también en esta ciudad se encuentra una de las visitas “menos recomendables” que se puede hacer, “Kachikali Pool”, una laguna con cerca de un centenar de cocodrilos y casi tantos turistas como lagartos de largos dientes, un poco decepcionante la visita, por otra parte y de más interés resulta una fábrica de batiks o telas teñidas a mano y que son muy típicas de este país y suponen un souvenir de lo más colorido para regalar.

Desde aquí y muy próximo está Brikama, un buen lugar para conocer uno de los mejores mercados de artesanía del país, pequeñas y grandes figuras de madera, cofres, máscaras y el regateo como práctica imprescindible donde la picaresca y la buena fe se combinan en la puja de unos productos sin precio real establecido.


A lo largo de la costa atlántica, entre Bakau y Kololi, durante unos 10 kms se encuentran las playas más conocidas que mezclan hoteles turísticos con pequeños pueblos de pescadores llenos de la magia de lo sencillo y tradicional.


No puede uno dejar de visitar pueblos pesqueros como Tanji y Sanyang, donde una vez que cae la tarde, decenas de barcos repletos de pesca arriban hasta la orilla y mujeres de coloridos vestidos se introducen en el agua con los cubos en la cabeza para descargar tan preciada mercancía, un espectáculo digno de ver.
Cerca los ahumaderos de pescado con sus brasas candentes serán los encargados de que la mercancía se puedan conservar durante más tiempo sin necesidad de cámaras frigoríficas, el olor a pescado asado y ahumado recorre la playa de punta a punta. 



Gambia es un país que te ofrece la posibilidad de realizar un viaje a tu medida, desde degustar frescos pescados junto al mar hasta visitar pequeños pueblos en los que parece que el tiempo se ha detenido y no va a volver a reanudar la marcha.



Si lo que buscamos es encontrarnos con la naturaleza tenemos el Parque Natural de Abuko, uno de los mejores lugares para la observación de aves del Oeste de Africa así como una muy recomendable visita a la reserva natural de Makasutu para pasear en barca por sus bosques de manglares. 



Un tema que a todos nos interesa es el de la fotografía y por alguna razón, en general las cámaras no suelen ser bien recibidas, especialmente por las mujeres y muchas veces cuando has sido sorprendido haciendo alguna foto esto se traduce en una sonora y escandalosa reprimenda por parte del fotografiado, es por lo que resulta aconsejable pedir permiso antes de hacer la foto aunque ya sabemos que eso puede suponer perder el momento y la naturalidad de ese instante.



Es conveniente aunque no imprescindible contactar con algún guía local, con el que además de favorecer la economía del país, te permitirá la posibilidad de conocer rincones desconocidos con el sabor de lo auténtico, allí no sólo encontré un guía sino que incluso hice un amigo, Joachim, una persona tan grande por dentro como por fuera, al cual cuando le preguntabas si algún día cambiaría la situación actual de Africa, te contestaba que “Africa todavía está dormida”, una gran mayoría de los jóvenes viven en las casas de sus padres con pocas expectativas de futuro y asumen que esa es la realidad que les ha tocado vivir, sin hacer nada por intentar cambiar su destino. 




Los niños son uno de los valores en alza de este país, siempre sonriendo, en cuanto se enteran de que hay un extranjero en el barrio o en el pueblo, salen gritando “toubak, toubak” que significa “blanco”, muchos de ellos están acostumbrados a pedir dinero, bolígrafos o incluso hasta un número de teléfono para tener un contacto en ese continente idealizado llamado Europa, muchos otros se conforman con dar un paseo contigo cogidos de la mano hasta la vuelta de la esquina o tocar la piel de tu brazo para comprobar que es de igual textura que la suya y los hay que incluso se asustan al ser la primera vez que ven un rostro tan pálido y descolorido.

En una ocasión compramos un balón en un viejo mercado y nos dio por parar en un pequeño pueblo que estaba junto a la carretera, no había casi gente, de pronto empezaron a salir pequeños corriendo desde los cuatro puntos cardinales, algunos tropezaban de lo rápido y nerviosos que iban, todos querían ser el dueño de aquel pequeño tesoro redondo con forma de balón, jugamos un poco a algo parecido al fútbol pero sin reglas y corrimos como gallinas descabezadas detrás de aquella pelota, fue un momento genial, para ellos supuso el acontecimiento del día y para mí un recuerdo imborrable.



Gambia te ofrece también la posibilidad de descubrir nuestro lado más solidario, acercarnos al día a día a través de una visita en primera persona a las casas en las que viven y que seguro te ofrecen un té o lo que esté en su mano, también resulta muy gratificante pasar por algún colegio en el que niños de distintas edades comparten aula, enseñanza y pupitre en el caso de que haya sitio para todos, muchos de ellos descalzos y con los pies polvorientos, no pierden la oportunidad de empaparse hasta que sea posible de una enseñanza básica, si hay suerte disfrutarán de una comida diaria, si no se les envía a casa deseándoles mejor suerte. Resulta fácil para el viajero abastecerse con poco dinero en los mercados locales de importantes cantidades de alimentos básicos y dar de comer a muchos de estos niños durante uno o varios meses, ellos a cambio te llenarán la mochila de sonrisas, miradas y de un cariño propio de aquellos que saben que “a veces poco es mucho” una frase que le tomo prestada a uno de los que allí estaba y que creo que nunca olvidaré. 



Para mí Gambia fue algo más que un viaje.

Fuente: OJODIGITAL 
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