domingo, 21 de octubre de 2012

Cascadas, glaciares y pueblos de raíces vikingas componen el paisaje más icónico de esta isla de agua y fuego


Por Úa Mattiasdottir


El recorrido desde la capital de Islandia, Reykjavík, por la costa sur es uno de los itinerarios más espectaculares de la isla. Inmensos cielos boreales, cascadas, géiseres y glaciares son los protagonistas de un viaje que finaliza en la pequeña población costera de Höfn, enclavada en la orilla del fiordo Hornafjördur.
Pese a su reducido tamaño, Reykjavík es una cosmopolita ciudad que alberga a dos tercios de la población del país y concentra su actividad política, cultural y económica. El centro histórico se puede abarcar fácilmente a pie, tomando como punto de partida la zona del viejo puerto, desde donde zarpan los barcos que realizan recorridos de avistamiento de ballenas y donde se encuentran tiendas de artesanía además de tascas de sabor auténtico, como la del Sægreifinn («el conde del mar», en islandés). Siguiendo el contorno del puerto, con una parada para curiosear en el mercadillo de Kolaport, que sábados y domingos se instala frente al antiguo puerto, se llega al moderno y suntuoso Auditorio Harpa. En el edificio, recubierto por una cristalera que emula las formas y colores de la naturaleza islandesa, se desarrolla un ambicioso programa de eventos musicales.
Reykjavík tiene fama de ser una de las ciudades más «calientes» de Europa, gracias a su vibrante vida musical y movida nocturna en cualquier época del año, pero sobre todo durante sus luminosas noches de verano, entre mediados de mayo y mediados de agosto. En otoño tiene lugar uno de los festivales más conocidos, el Airwaves, que a finales de octubre presenta actuaciones musicales de grupos nacionales e internacionales.
En pleno centro histórico, arropado por una concentración de coloridas casitas de madera revestidas de láminas de hierro ondulado, un museo marca el lugar donde se situaba la finca del primer colono de Islandia, Ingólfur Arnarson, que llegó a la isla el año 874. A pocos pasos, en la plaza de Austurvöllur, se levanta el Althingishús o Casa del Parlamento, uno de los edificios de piedra más antiguos del país. En el lado este del edificio, frente a la diminuta catedral de estilo tradicional, se esconde el encantador jardín del Parlamento, abierto a las visitas. Los altos muros de este rincón olvidado lo aíslan del runrún de la ciudad, creando un ambiente propicio a la ensoñación solo alterado por la algarabía de los patos del cercano lago Tjörnin. Accesible por un puente, se encuentra el moderno edificio del Ayuntamiento, con una sala de exposiciones siempre interesante y una cafetería asomada al lago.


Seljalandsfoss

Un sendero permite pasar al otro lado de la cortina de agua de esta cascada. Se encuentra de camino al glaciar Myrdalsjökull y a otro salto espectacular, Skógafoss.


Reykjavík

La isla de Viðey, a un kilómetro del puerto de la capital, alberga la primera casa de piedra del país, de 1755. Hoy es un restaurante que conserva el mobiliario original.

Geysir

La columna de agua hirviendo que lanza el Strokkur alcanza los 20 metros de altura. El Gran Geysir, ahora inactivo, expulsaba agua hasta 80 metros.El área también tiene pozas de barro caliente.


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