viernes, 14 de septiembre de 2012

Dinamarca, el país del viento



Hemos viajado varias veces por Escandinavia y la verdad es que son unas tierras maravillosas en todos los sentidos: casitas bajas, ciudades limpias, pueblos bonitos, naturaleza y sobre todo, para alguien que en cada esquina busca un encuadre, una luz fantástica. Una luz suave durante muchas horas del día y unos atardeceres largos. También cabe añadir que, tanto Dinamarca como el sur de Suecia, son sitios ideales para los amantes de los castillos, ya que hay muchísimos que se pueden visitar y que en verano se convierten en los protagonistas de animadas celebraciones populares; además, hay varios que son hoteles o restaurantes de alta gastronomía.
Bien, hablando de Dinamarca y habiendo estado antes solo en la cosmopolita Copenhague y Helsingør, la ciudad del famoso Castillo de Hamlet (Kronborg Slot), era el único país que seguía siendo algo desconocido. Así que decidimos dejar de lado la capital y sus alrededores y dedicarnos a peregrinar (en coche por supuesto, no nos hemos vuelto locos todavía) por todo el resto, buscando la Dinamarca auténtica, así como su naturaleza y sus castillos.
Así que hacia allí fuimos, en uno de los mejores meses para disfrutar de su luz: el mes de junio.

Sur de Sjelland, Møn y Lolland
Aunque hay aeropuertos en más ciudades, por coste decidimos coger avión de ida y vuelta a Copenhague y un coche de alquiler en el aeropuerto.
Llegados al aeropuerto recogimos el coche y salimos directamente hacia el sur. En el camino paramos en Koge, una ciudad bonita y colorida, con varias calles peatonales. Después de comer un par de sándwiches de gambas en un café en su alegre plaza principal, seguimos hacia el sur. En nuestro camino cruzamos los acantilados de Stevens Klint por caminos rurales, pudiendo ya respirar esta atmósfera “de campo” que era justo para lo que veníamos.
Estos acantilados (junto con los de Møns Klint en los que no llegamos), y en general las zonas de costa, las usan los daneses a menudo durante los fines de semana para salir con la familia y hacer picnic.
Por el camino pasamos por el pueblo de Rødvig, donde en el puerto (más bien una marina) había bastante ambiente con un par de bares y restaurantes llenos de gente y un sol que caía sobre el mar. Ante tan agradable escena decidimos quedarnos en uno de ellos para disfrutar de la puesta de sol.

Foto 1: Puesta de sol en el puerto de Rodvig.   

Por la noche nos quedamos en el pueblo pesquero de Bandholm, en la isla de Lolland. Bandholm es un pueblo muy tranquilo, quizás demasiado hasta para nosotros, por ese motivo la mañana siguiente temprano decidimos ir directamente a Maribo, una ciudad a las orillas de Nørresø y Søndersø (lago de norte y lago de sur).
La verdad es nos sorprendió positivamente por tener un centro muy alegre, cafés con gente disfrutando del sol, tiendas y largos caminos para pasear a orillas del lago. 

Foto 2: Embarcadero en la orilla del lago de Søndersø en Maribo.

Saliendo de Maribo decidimos perdernos por la ruta Margarita y disfrutamos de unos caminos tranquilos de campos verdes por el nordeste de la isla de Lolland antes de llegar al cabo de Tårs, en el oeste de la isla, para coger el ferry y cruzar a Spodsbjerg.
La ruta Margarita es una ruta turística que recorre más de 3.000km por toda Dinamarca, de punta a punta pasando por más de 200 monumentos y lugares de interés de todo el país. Desde la pagina oficial de turismo (que contiene mucha información útil para el viajero) pudimos encontrar la ruta incluso para el GPS, así sabíamos en cada momento si estábamos dentro de la ruta o si nos acercábamos en algún cruce desde el cual podíamos hacer una parte de la ruta. Pero también se pueden encontrar mapas y en ultima instancia, se pueden seguir unos símbolos por la carretera que enseñan la ruta.

Fionia

El ferry entre Tårs y Spodsbjerg dura apenas 45 minutos y es un servicio que los daneses usan de forma diaria, ya que la alternativa es volver hacia atrás y hacer mas de 200Km en coche.
Pasamos el resto de la tarde entre Rudkøbing, Valdemars Slot y la ciudad de Svendborg, ya en Fionia, disfrutando de una tarde cálida y soleada.
La noche la pasamos en Faaborg, donde teníamos muchas referencias que decían que es una ciudad animada y de las mas pintorescas. De lo que vimos hasta ese momento, por lo menos a lo que la isla de Fionia (Fyn en danés) se refiere, esta ciudad fue la que más nos encantó (aunque también nos gustaran Rudkøbing y Svendborg). Con muchas placitas llenas de gente joven, unas calles peatonales para perderse y un puerto donde se puede comer muy bien, nos encantó como ciudad y está en la lista de las que visitaríamos otra vez para descubrir mejor.

Foto 3: Callejeando por Faaborg.

A partir de aquí, y dejando la ciudad de Odense (la segunda ciudad más grande del país después de Copenhague) para la vuelta, abandonamos las islas y pasamos a través del puente de Little Belt a la península de Jutlandia.

Jutlandia de sur
Decidimos recorrer la península de punta a punta, así que el plan fue empezar por el sureste, pasar a la costa oeste y bordearla hasta el punto más al norte y bajar por la costa del este.
Durante dos días recorrimos varios pueblos y ciudades, entre las más importantes Sønderborg (sureste), Tønder (suroeste) y Ribe. (oeste).
Como característica general, nos llamó claramente la atención que a medida íbamos dejando la costa este y nos acercábamos al sur y especialmente al suroeste, uno ya percibe que el carácter escandinavo tanto de la gente como de las ciudades, arquitectura, comida etc se va difuminando y va tomando un aire más alemán. Esta sensación quedaría confirmada en los siguientes días al volver a ver el cambio inverso hacia el norte de la península. 

Foto 4: Tipica casita en Mogeltønder, barrio pintoresco al lado de Tønder.

Otro castillo que visitamos, cerca de Sønderborg, fue el de Graasten Slot, en la foto podéis ver la vista trasera del castillo desde sus inmensos jardines.

Foto 5: Graasten Slot.

Ribe es un pueblo con encanto y con historia, aunque algo mas turístico de la cuenta para nuestro gusto. Aun así, dar un paseo por sus calles es muy agradable y se considera una de las ciudades antiguas mejor preservadas de Dinamarca.

Foto 6: Paseando por Ribe

Un poco más al norte, también en la costa oeste de la península realizaríamos una de las excursiones más bonitas, planificada desde mucho antes del viaje: la que hicimos en la isla de Fanø. Resulta que en el suroeste de esta isla que se sitúa justo enfrente de Esbjerg la marea tiene una diferencia de dos metros entre el punto más alto y más bajo y un periodo de 12 horas. Esto en combinación con el hecho que el mar es muy poco profundo genera un fenómeno como si el mar se hubiera vaciado durante muchos kilómetros y uno puede caminar hacia adentro hasta que la tierra detrás desaparezca. Al preguntar desde España a la oficina de turismo local nos dijeron que se puede llegar hasta el banco de arena de Galgerev (al que se accede desde Sonderhø adentrándote unos 2km) donde se encuentra la mayor población de focas de la zona. No lo pensamos dos veces y decidimos -después de sugerencia de la oficina de turismo- ser acompañados por un guía, más que nada para evitar situaciones incómodas como por ejemplo estar a varios kilómetros de la costa y de repente descubrir que el mar está subiendo.
Así que decidimos cruzar desde Esbjerg a Fanø con tiempo suficiente (hay un ferry cada media hora mas o menos esta época del año) para acercarnos hasta el sur de la isla con tranquilidad. Es donde sentimos por primera vez lo que es la naturaleza salvaje del oeste, donde parece ser que estas bajo un cielo más grande, donde el viendo sopla ya constante y donde tu vista llega a ver hasta tan lejos que puedes quedarte durante tiempo observando hipnotizado un paisaje aparentemente sencillo.
Da cosa ir andando en el fondo del mar hacia adentro y alejándote de la costa, pero el paisaje es tan impresionante que pronto se te olvida todo.

Foto 7: Caminando en el fondo del mar.

Cuando llegamos al banco de arena donde las focas suelen descansar nos enteramos que habíamos tenido un poco de mala suerte ya que el fondo se había movido y había quedado una zona de mar con profundidad suficiente como para no poder acercarnos. Así que vimos las focas desde unos metros de distancia. Había también crías de foca nadando en ese trozo de agua que nos separaba del banco en el que estaban sus madres; uno podría pensar en meterse en el agua y cruzar a nado hacia el banco, aunque con las madres vigilando a sus crías tan de cerca, no creo que hubiera sido buena idea. 

Foto 8: Focas descansando en un banco de arena en Wadden sea.

Volvimos fascinados del sitio, ya no sólo por las focas, sino por la belleza del paisaje infinito, recomendamos el recorrido a todo amante de la naturaleza.
Al día siguiente dimos una vuelta por el centro de Esbjerg que aún siendo una ciudad suficientemente grande nos aburrió un poquito. Teniendo el chip ya cambiado y buscando más naturaleza y menos ciudad decidimos dar un paseo por el parque Vognsbøl, situado en el centro y donde residen ciervos y cervatillos en estado semi-libre (uno puede admirarlos e incluso acercarse a ellos). Había niños dándoles de comer espaguetis desde la mano y pronto un loco que les perseguía con una cámara. La verdad es que da gusto ver parquecitos así.

Foto 9: Cervatillo en el parque de Vognsbøl en Esbjerg.

Jutlandia de norte
Saliendo desde Esbjerg hacia el norte, quisimos bordear la costa lo máximo posible. Así, pasamos el Rinkøbing Fjord (un fiordo peculiar que parece más un lago) por un trozo de tierra al oeste de ancho a veces menos de 200m y la verdad es que acertamos ya que en mitad de camino tuvimos la oportunidad de hacer una parada memorable en Hvide Sande. Hvide Sande es un pequeño pueblo que esta justo en el único punto donde el agua del mar y el agua del interior del fiordo se unen. Las terracitas del puerto estaban llenas y decidimos hacer una parada para (como siempre) mezclarnos con la gente. Después de una vuelta rápida acabamos en una rogeri estilo buffet libre donde nos hinchamos a base de pescado y marisco de primera calidad. Las rogeri son tiendas (lo mas cercano en España sería una charcutería) donde se vende pescado ahumado y otro tipo de productos locales. Lo que sí hacen los daneses en cambio es poner en verano una terracita con algunas mesas fuera del local para los que quieren comprar algo y consumirlo en el momento. Si bien es verdad que la de Hvide Sande y muchas otras rogeri del país han evolucionado en la actualidad de tienda a restaurante. En cualquier caso, para nosotros que íbamos de ruta y no nos interesaba hacer paradas largas los mediodías pero tampoco comer basura, las rogeri fueron un refugio donde probamos los sabores más auténticos y deliciosos durante este viaje.
La noche la pasamos en Ringkøbing, ciudad tranquila donde pudimos relajarnos y disfrutar de un bonito atardecer antes de descansar para salir el día siguiente hacia los parques naturales del noroeste de Jutlandia.  

Foto 10: Tranquilo atardecer en una plaza de Rinkobing.

El día siguiente nos despertamos con unas nubes feas y las predicciones fueron acertadas. Llovió casi todo el día y así no pudimos hacer las caminatas previstas por los bosques de la zona. De todas formas, pasamos en coche por el parque nacional de Thy y sinceramente uno no se cansa de ver el bosque en todo su esplendor.  

Foto 11: Pescadores limpiando y empaquetando platijas.

Pudimos visitar diferentes pueblos de la región de Thy. Los pueblos de la costa son pesqueros y en los restaurantes humildes de la zona abunda un plato de pescado frito en filete que se llama platija. Es realmente muy sabroso.
Viendo el panorama con el cielo así de tristón y el viento soplando fuertemente en la costa, decidimos trasladarnos a otra zona. Así llegamos a Lindholm Høje cerca de la ciudad de Aalborg, que es quizás el monumento antiguo (400 DC hasta 1000 DC) más importante de Dinamarca. Se trata de un cementerio vikingo de la edad vikinga y edad de hierro, el mayor de toda Escandinavia, con unas 700 tumbas de distintos tamaños y esquemas esparcidas a lo largo y ancho de una verde colina. Como curiosidad, las tumbas con forma circular se utilizaban para mujeres, mientras que las tumbas con forma triangular o de barco son las que utilizaban para los hombres, donde una piedra de mayor tamaño en cada punta simbolizaban la proa y la popa del barco.
También hay restos de un pueblo entero, y aún faltan partes por seguir excavando.

Foto 12: Ruinas de Lindholm Høje

Por la noche nos refugiamos en la ciudad de Aalborg, una ciudad en principio industrial pero no por eso con un centro menos encantador donde nos encontramos muy a gusto callejeando.

Foto 13: Callejuela en Aalborg

Con gran satisfacción nos levantamos al siguiente día con un cielo azul lleno de algodoncitos y salimos pronto hacia la zona más al norte de la península. Nos dirigimos hacia el norte teniendo como objetivo llegar a Skagen por la tarde.
Si en principio dudamos si valía la pena llegar hasta tan lejos, ahora puedo decir que si en algo nos equivocamos es en no pasar todavía mas tiempo por esta increíble zona.

Foto 14: Dunas de Råbjerg Mile

Aquí uno realmente entiende por qué Dinamarca se llama el país del viento. Si alguien viaja por la zona y tiene más tiempo para la fotografía, imprescindible tener un filtro ND en la mochila. Las nubes viajan con una velocidad impresionante y la misma escena cambia en cuestión de pocos minutos o segundos.

Foto 15: Costa salvaje en el noroeste de Jutlandia

Donde más lo vivimos fue cuando nos acercamos al faro de Rubjerg Knude. Se trata de un faro que esta inoperativo desde 1968 ya que la arena se acumula a su alrededor mas rápido de lo que se puede limpiar. Se ha decidido abandonar el intento de salvarlo justo por esta razón. Hoy en día el faro está semienterrado y se estima que en unos años la arena habrá ganado la batalla y el faro quedará completamente enterrado.

Foto 16: Faro de Rubjerg Knude

No nos creeríamos esta historia si no hubiéramos decidido subir en la colina de arena y caminar hacia el faro en la arista donde por un lado se ve el mar infinito y por el otro el paisaje desértico de la zona. Un compañero que volvía del sitio me vio justo antes de empezar a subir y me aviso para poner la réflex dentro de la funda:
  • Hey, amigo. La réflex no se puede usar allí arriba. Me dijo con un tono de aviso.
  • Y por que? Le pregunté con curiosidad.
  • Porque necesitas las manos para no caerte por el viento y la arena va a hacer que los botones y tu objetivo zoom hagan crach-crach después. Y me enseñó bajo su bicicleta su réflex bien guardada dentro de la funda.
  • Ok, muchas gracias….Le dije algo desconfiado.
Pensé que exageraba pero apenas 50 metros después decidí hacer caso al consejo. Al volver, teníamos arena hasta en las pestañas de los ojos.
Envueltos de arena pero satisfechos seguimos el camino hasta Skagen. Se trata de un pueblo con vida, me dio la sensación que mientras nosotros estábamos subiendo y bajando colinas de arena ventosas, todo el mundo estaba aquí en el puerto disfrutando de unas cañitas en los bares de las tradicionales casitas de madera o dentro de sus veleros en la marina. Teniendo suficiente fama por el hecho que los “pintores de Skagen”, un grupo de artistas escandinavos, decidió asentarse en el lugar en los finales del siglo dieciocho, hoy en día parece ser un punto de encuentro donde se unen gente que llega navegando desde otros puertos más al sur pero también cruzando desde Suecia (se encuentra justo a la altura de Gotemburgo), gente que viaja en moto etc. En los restaurantes se come muy bien, nosotros elegimos el Skagen Fiskerestaurant y quedamos muy a gusto.
Uno de los atractivos de Skagen es justo el punto más al norte de la península de Jutlandia, donde se chocan por un lado el mar de norte y por otro el mar Báltico. Resulta realmente curioso ver como este choque produce unas olas que no tienen dirección y parece como si alguien estuviera agitando el mar desde el fondo. De hecho, justo en la orilla casi no hay olas. De todas formas, dado que las corrientes son muy fuertes, esta prohibido nadar.
 
Foto 17: Choque de mares en Skagen
 
Por la noche el pueblo sigue vivo. Después de un par de días sin cruzarnos con tanta gente, nos gusto tomar algo en uno de los numerosos pubs.  

Foto 18: Estación de Skagen en la hora azul.

A partir de este momento empezamos la vuelta rápida hacia Copenhague bordeando la costa este de la península. Encontramos la costa del este algo más civilizada y con más opciones de ocio en los pueblos pero con naturaleza menos salvaje.
Entre bosques y paseos costeros, hicimos paradas en Frederikshavn y Kolding, ciudades con poco atractivo para nuestro gusto pero también Ebeltoft y Mariager, pueblos más pequeños pero encantadores.
Uno de los castillos mas emblemáticos es Voergaard slot. Nos fue difícil acceder a él ya que en la entrada un pavo real decidió darnos la bienvenida demandando nuestra atención tal como veis en la foto. ¡Todo un espectáculo!
 
Foto 19: Voergaard slot y el pavo real más orgulloso de Dinamarca.
 
 
Foto 20: Luz de tarde en las afueras de Voergaard slot.
 
Otro castillo muy bonito de la zona es el Gammel Estrup donde nos encontramos con un festival del siglo XVIII, lleno de gente vestida de época. Por una vez más confirmamos lo bien que hicimos viajando a este país a finales de junio.
 
Foto 21: Vestidos de época en Gammel Estrup Slot.
 
Y pronto llegamos a la ciudad más grande y más viva de la zona con diferencia: Aarhus, una ciudad universitaria donde encontramos mucho ambiente en las orillas del río con el mismo nombre que la atraviesa. Cenamos en un jazz bar estudiantil y nos quedamos hasta tarde por la zona.
 
Foto 22: Aarhus
 
De vuelta por Fionia y Sjaeland
El siguiente día ya de vuelta, pronto cruzamos a la isla de Fionia y nos acercamos a Odense, ciudad natal del escritor Hans C. Andersen. Notamos de inmediato el cambio en la gente, se nota cuando es gente de ciudad: igualmente amables pero más serios, la forma de vestir, la forma de hablar, el uso de la bicicleta..Aquí me gustaría decir que en Dinamarca el uso de la bicicleta como medio de transporte esta muy extendido. Lo usan desde niños hasta mayores y hay que ir con cuidado cuando vas por la calle andando. Las bicicletas tienen prioridad sobre los vehículos incluso sobre los peatones e igual que en Holanda, no está bien visto hacer frenar a un ciclista para que tú pases al otro lado de la calle.
Una de las visitas que teníamos pendientes en la isla de Fionia y cerca de Odense fue el Egeskov Slot que se considera el Castillo renacentista mejor conservado de Europa. Nos tomamos tiempo para dar un paseo en sus interminables jardines, muy bonitos y bien cuidados, igual que el castillo, y en los que se puede hacer picnic o comprar algo allí para comerlo tranquilamente en ellos.

Foto 23: Egeskov Slot

Foto 24: Luz lateral de atardecer en la ruta Margarita

Recorriendo nuestros ultimos kilómetros en la ruta de Margarita y después de cruzar el enorme puente de Storebaelt (en español, Gran Puente), no menos impresionante que el mucho más famoso de Øresund que une Dinamarca con Suecia, nuestra ultima estación fue Copenhague donde pasamos sólo una tarde. Entre tiendas y souvenirs , el parque de Tivoli y el imprescindible paseo por el puerto, pasamos las ultimas horas en Dinamarca recordando toda la ruta y haciendo las últimas fotos.
Dinamarca nos encantó como país, no sólo por sus castillos, sus cielos y su naturaleza. A través de esta ruta rápida pero intensa pudimos descubrir algo más sobre sus gentes que se muestran sencillas y viven una vida tranquila y muy cercana a la naturaleza. Les gustan los sabores auténticos y es característico que disfrutamos con su gastronomía y comimos muy bien en todos los lugares. En un país con tantos recursos, los daneses prefieren usar su alto poder adquisitivo para disfrutar de las cosas más simples, sin importar lo superfluo, rasgo que comparten con los demás escandinavos. Nosotros descubrimos un país maravilloso de punta a punta donde además, si uno lo visita con algo mas de empeño para la fotografía, seguro se enamorará de su luz.
Por último, me gustaría agradecer a frivera por invitarme a recordar este viaje que hicimos hace más de un año y a mi mujer, porque aparte de tener tanta paciencia cuando me quedo atrás fotografiando una callejuela una y otra vez, siempre toma notas cuando viajamos y así siempre podemos encontrar un montón de detalles sobre los sitios donde hemos estado.
Kostas Sakkos
 
Fuente: OjoDigital 
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