martes, 27 de marzo de 2012

La montaña salvaje - Ascensión al K2


K2, la montaña más deseada y la más peligrosa

La determinación llevaría a la alpinista austríaca Gerlinde Kaltenbrunner a convertirse en la primera mujer del mundo en coronar los 14 ochomiles sin ayuda de oxígeno suplementario.

Por Chip Brown
Fotografías de Tommy Heinrich

Mañana es nuestro día. Por fin una mañana que los llenaba de esperanza: lunes, 22 de agosto, Campo IV, 7.950 metros de altitud. La ventisca había cesado, ya no nevaba, el cielo se extendía azul e impoluto hasta la oscuridad de los confines del espacio.









Se necesitaron decenas de camellos y ocho arrieros kirguiz para vadear el río Shaksgam con 2,2 toneladas de material rumbo al Campo Base Chino. Costes: 12.500 euros y ocho gafas de sol.
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La fuerte corriente casi engulle un camello bactriano cuando cruza el gélido río que bebe de múltiples glaciares del valle Sarpo Laggo, en la cordillera del Karakorum. El canal era la última barrera acuática antes de llegar al Campo Base Chino, y también la más difícil.
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Para alcanzar el Campo I, Kaltenbrunner dirige la expedición a través de esta grieta en la parte superior del Glaciar Norte del K2.
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Kaltenbrunner y Dariusz Załuski clasifican el material en el lugar de almacenaje de la expedición, en el Glaciar Norte del K2.
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Maxut Zhumayev asciende la arista de nieve entre los Campos I y II.
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Kaltenbrunner (de rojo), Załuski (de naranja), Zhumayev y Vassili Pivtsov ascienden una pendiente de nieve por debajo del Campo II.
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Con crampones, piolets y cuerdas que fijaron previamente, los escaladores ascienden en diagonal hacia el oeste por el filo de la arista norte. La vía resultó ser más escarpada de lo previsto. Foto: Ralf Dujmovits



Hoy hace viento pero el tiempo va mejorando. Con las cuerdas fijas enterradas bajo la nevada reciente, Kaltenbrunner persevera en avanzar hacia el Campo III entre sus colegas Vassili Pivtsov y Dariusz Załuski. «Muchas veces sentía como si una fuerza desconocida me empujase –dice–. Fue algo místico: recibía impulso desde algún lugar. Ya me había ocurrido un par de veces antes, pero la sensación nunca fue tan intensa como en el K2.» Foto: Maxut Zhumayev



Por encima del Campo IV, Pivtsov (en cabeza), Zhumayev y Kaltenbrunner se aproximan al Corredor de los Japoneses.
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Después de que Kaltenbrunner hiciera cumbre, Zhumayev y Pivtsov avanzan exhaustos los últimos pasos codo con codo. Foto: Gerlinde Kaltenbrunner












Fuente: National Geographic España
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