domingo, 4 de marzo de 2012

El resurgir de las islas Phoenix


Tras un insólito y catastrófico blanqueamiento del coral, los arrecifes de las islas Phoenix recuperan la salud.

Por Gregory S. Stone
Fotografías de Brian Skerry

El ancla y la cadena cayeron pesada y ruidosamente en el agua. Bajamos dos lanchas rojas de nuestro barco de investigación, cargamos los equipos de buceo y zarpamos hacia la laguna interior del atolón. Tras cinco días de travesía desde Fidji hasta la isla Kanton, ardíamos en deseos de comprobar si los arrecifes habían sobrevivido a un inusitado desastre oceánico: una elevación brusca y letal de la temperatura del agua marina de la zona. Durante el fenómeno de El Niño de 2002-2003, una masa de agua 1 °C más caliente de lo normal se había instalado durante seis me­­ses alrededor de las islas Phoenix, un diminuto archipiélago del Pacífico central. Se decía que esa masa caliente había causado un grave blanqueamiento en los corales de la región. Mientras descendía hacia el fondo de la laguna, deseaba que la cosa no fuese tan mala como la pintaban.


Una tortuga verde se desliza sobre un coral muerto cerca de la isla Kanton, en el Pacífico central. Antes de que la temperatura de estas aguas aumentara bruscamente en 2002-2003, el arrecife rebosaba vida.



Cerca de la isla Nikumaroro, un pez halcón (Paracirrhites hemistictus) descansa junto a un arrecife dañado por el calentamiento del océano en el Pacífico central. Las algas coralinas rosas son un signo temprano de recuperación: las algas forman el sustrato donde el coral nuevo puede arraigar y crecer.



Tímido y esquivo, este pez Napoleón de la isla Orona es un buen augurio para la reserva marina. Muy buscado por los restaurantes chinos, el Napoleón suele ser la primera especie sobreexplotada cuando la pesca se realiza en los arrecifes. Un ejemplar de 9 kilos puede valer 700 euros en China. El hecho de que este pez sea aquí tan abundante significa que el sistema arrecifal sigue relativamente indemne.



Un banco de peces loros azules forrajea entre el coral muerto de la isla Kanton. «Los oyes masticar: crunch, crunch, crunch», dice Greg Stone, buzo y científico marino. Al estar muy cerca del ecuador, la isla Kanton rara vez experimenta grandes cambios meteorológicos. Pero el fenómeno de El Niño de 2002-2003 elevó más de 1 ºC la temperatura del agua, que superó los 31 ºC en algunos puntos, acabando con todo el coral de la laguna interior del atolón. Cuando el coral muere, puede ocurrir que las algas invadan los arrecifes muertos, complicando la colonización por parte de otros pólipos de coral. Y ahí entra en escena el pez loro: al forrajear, este y otros herbívoros impiden que las plantas marinas proliferen en el arrecife, de modo que las algas coralinas pueden arraigar y formar un sustrato para el coral nuevo.



Un mero de cuatro monturas nada sobre las algas de color rosa en las que crecerán nuevos corales.



El coral en placa que crece en la laguna interior de la isla Kanton es un signo de esperanza. Desde que los corales sufrieron un grave episodio de blanqueamiento, han alcanzado ya más de un metro de diámetro.



Un jurel azul (Caranx melampygus) nada tras un emperador trompudo (Lethrinus Olivaceus) en las aguas frente a Nikumaroro, una de las ocho islas que conforman el archipiélago de las Phoenix, perteneciente al estado de Kiribati.



Cirujanos de aleta amarilla atestan las aguas de Nikumaroro. Aunque el atolón perdió muchos corales, conservó abundantes peces herbívoros que, al mantener limpios los arrecifes, ayudan a su recuperación.



Los pollos de rabihorcado aguardan a los adultos que vuelan en círculo sobre Rawaki, una de las 33 islas de Kiribati. El año pasado el Área Protegida de las Islas Phoenix (mapa) se convirtió en el bien más extenso del Patrimonio de la Humanidad.



Una tortuga verde (Chelonia mydas) nada entre un banco de cirujanos (Acanthurus lineatus) cerca de la isla Orona, en el Área Protegida de las Islas Phoenix (PIPA), que el año pasado fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Con 408.250 kilómetros cuadrados, es una de la las mayores zonas marítimas protegidas del mundo.



David Obura, científico marino de la organización conservacionista CORDIO, mide el crecimiento de un coral en placa (Acropora hyacinthus) en la laguna interior de la isla Kanton, donde los arrecifes quedaron devastados por un extraño episodio de calentamiento oceánico extremo.



Aun sin contar las vastas regiones profundas de mar abierto, prácticamente inexploradas, la reserva alberga más de 800 especies de peces, aves y corales, entre ellas 120 de corales duros, como esta formación foliforme de la isla Enderbury. Por ello, la reserva puede servir de modelo para recuperar sistemas arrecifales en otros lugares. «Las islas Phoenix revelan cómo eran los océanos hace mil años –apunta Stone–, y cómo pueden ser dentro de otros mil.»



Una pareja de péces ángel emperador (Pomacanthus imperator) resplandecen en las aguas frente a la isla Kanton. Con más de 500 especies de peces, los arrecifes de este tranquilo archipiélago se han recuperado con mayor rapidez del blanqueamiento del coral que arrecifes de lugares como el Caribe, que además tienen el problema de la contaminación y la pesca.



Un rabihorcado planea durante unos segundos sobre el fotógrafo, con las patas recogidas bajo el vientre, antes de tomar tierra en Rawaki. Cientos de miles de aves ponen sus huevos en esta isla.


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