miércoles, 4 de enero de 2012

Groenlandia, la tierra del hielo (de frivera.)


La franja costera de Groenlandia se deshiela en verano, permitiendo así un súbito crecimiento de hierba y pequeños arbustos, que mueren en agosto, preparando la tierra de nuevo para el hielo. No hay árboles. Ni carreteras. Hasta tal punto que las comunicaciones entre los pequeños núcleos de población se hacen en barco o avión. 


Las distancias en Groenlandia del norte se miden en sinik, en “sueños”, en el número de pernoctas que dura un viaje. No puede decirse que realmente sea una distancia, porque según el tiempo y la estación del año, el número de sinik puede variar. Tampoco se trata de un concepto temporal. No es una distancia, no es un número de días o de horas. Es un fenómeno espacial y temporal, un concepto dentro del tiempo espacial que describe la unión entre el espacio, el movimiento y el tiempo, obvio para los inuit, pero imposible de ser recogido por ninguna lengua europea común.


Imaginad miles de kilómetros cubiertos por una capa de hielo que llega a medir hasta tres kilómetros de profundidad, y todo ello desde hace miles de años. El aire es seco y el cielo azul, sin nubes. Adentrarse en ese manto inmenso de hielo es una toda una experiencia. Es el indlandis. Tiene la belleza salvaje de los extremos, donde la naturaleza no ha sido domesticada. Eso es Groenlandia.

1. LOS SECRETOS DEL HIELO.

Formas caprichosas, a veces dominadas por la dirección del viento, comprensibles. Otras veces la superficie de los charcos de deshielo superficial muestra increíbles formas geométricas que se desarrollan durante la noche del incipiente otoño. En algunos lugares, los montículos están cubiertos de múltiples agujeros que perforan el hielo en todo su espesor, como si fuera un queso gruyere. A veces se llenan de agua azul. De vez en cuando, uno de esos agujeros toma un tamaño mayor, de 25 o 30 centímetros de diámetro. Asomarse a él es como mirar el lecho del hielo, que se formó hace miles de años. Cuando tiras en él un trozo de hielo compacto, se oye rebotar en las paredes del agujero hasta que el sonido se pierde en la profundidad, en las entrañas del hielo. Las fuerzas que han conformado estos sumideros han comunicado el día de hoy con un pasado situado a miles de años.


¿Y por qué la superficie del hielo a veces es áspera y otras es suave como la seda? Es una fina capa de agua de deshielo la que tornea su suavidad y su brillo, acariciando repetidamente las ondulaciones que las fuerzas naturales han conformado en las paredes de las cuevas del hielo.


Y también es un secreto la inmensa variedad de los colores del hielo. Algunas paredes muestran al trasluz un vibrante color aguamarina, mientras que, a su lado, el hielo de la superficie es azul violáceo. También hay hielo “sucio”, lleno del lodo que la misma presión que ejerce la mole de hielo sobre su base hace aflorar desde las profundidades.


Hielo trasparente como el cristal, formado durante el verano tras fundirse previamente. Y el hielo blanco del invierno, que procede de la nieve, la cual engloba microscópicas burbujas de aire, que permanecen en su interior al helarse durante la noche perpetua de los meses de invierno.

El hielo guarda sus secretos, los que han dado forma y color al agua al congelarse.

2. 300 KILÓMETROS AL NORTE DEL CÍRCULO POLAR ÁRTICO.



Existe un lugar donde los icebergs son más grandes que las casas y pasan por delante de ellas lenta y majestuosamente, como si quisiera exhibir su efímero poder, que tan sólo dura hasta que las temperaturas del sur hacia el que corren los hace desaparecer.


De Ilulissat partió quizá el iceberg que colisionó con el Titanic y lo hundió. Es el lugar donde se forman los icebergs gigantes que luego vagarán por el Atlántico durante semanas o meses. Mientras su viaje tenga lugar cerca de la costa, aves y focas podrán considerarlos propios. Pero progresivamente el persistente (y frío) sol del verano ártico irá modelando su forma. Y el viento a veces horada cavidades que dejan pasar la luz a su través, luciendo como si esa luz fuera propia.


El glaciar de Ilulissat produce varias toneladas diarias de hielo en verano, en forma de icebergs y también en forma de una capa de hielo troceado, que compone una larga banquisa que fluye imperceptiblemente hasta la bahía de Disko. Este lugar tiene el mayor número de icebergs por unidad cuadrada del mundo. Durante los últimos años, el glaciar Jakobsen se ha movido cuarenta metros al día. El mar se ve como una gran sopa cuya superficie está cubierta de tropezones de hielo. 


Si alguien cae al agua en Groenlandia, sólo unos segundos después empiezan los escalofríos. Mientras la temperatura del cuerpo disminuye desde los 38º hasta los 36º C, se tiembla. Luego los escalofríos desaparecen. Esto ocurre cuando la temperatura del cuerpo va disminuyendo, acercándose a los 30º C. Los 30º C son críticos. En ellos acontece la indiferencia. En ellos mueres congelado.


Quien cae al agua en Groenlandia nunca vuelve a subir a la superficie. El mar tiene una temperatura inferior a los 4º C bajo cero y, a esa temperatura, todos los procesos de descomposición se detienen, de forma que, al no tener lugar la fermentación, y no producirse gas, el cuerpo carece del impulso ascensional que transporta el cadáver hacia las costas.


Un brazo de tierra separa el pequeño pueblo de Ilulissat de la salida de la banquisa a la bahía, de forma que los icebergs pasean lentamente delante de las pequeñas casitas de colores, colocadas sin orden ni concierto ni urbanismo aparente. Su pequeño puerto pesquero, a veces, de la noche a la mañana aparece invadido por esa sopa de hielo, que se compacta con el frio nocturno. Los barquitos de pesca son pequeños puntos de color cuando salen a la bahía, moviéndose entre el hielo.


3. NAVEGANDO ENTRE GIGANTES.

Los icebergs son trozos de glaciares que desde el indlandis se deslizan hasta llegar al mar, donde finalmente se desprenden. Es todo un espectáculo esperar a que se produzca un desprendimiento, el nacimiento de un iceberg, lo cual es poco frecuente. Pero en verano puede asistirse al desprendimiento de bloques de hielo que originan avalanchas sobre el agua de la morrena. El ruido que se ocasiona recuerda a una tormenta más o menos lejana, un estremecimiento interno producido en el interior del hielo del glaciar, que hace pensar en las inmensas fuerzas que recorren los ríos de hielo en su discurrir hacia el agua.


Navegar en un pequeño barco con el viento frio y la lluvia en la cara, deslizándose entre icebergs que se diluyen en la niebla, es toda una experiencia. Parece como si navegaras entre gigantes que cabecean con el movimiento del agua que genera el pequeño barquito que nos transporta. Puedes ver dónde empiezan, pero no donde terminan. El horizonte tampoco proporciona referencias porque se diluye con el cielo cubierto de nubes entre la niebla.


Cuando vas en barco, hay dos tipos de heladas. Está la helada fea que proviene de las olas que rompen contra el casco y se hielan en cubierta. Más y más, cada vez más rápido, cuando los obenques de los grandes barcos, y todo lo que está derecho sobre cubierta empieza a cubrirse con una capa cada vez más gruesa. Y está la mala de verdad. Aquella que proviene de la niebla marina. No requiere que haya oleaje, sencillamente se posa por todos los lados. Como algo que simplemente está allí. La niebla convertida en hielo lo recubre todo.


A veces un soplido nos avisa de que una ballena nada en silencio, hundiéndose hacia las profundidades del agua verdosa, fría y oscura, para quizá volver a salir más adelante, inmensa, majestuosa con sus lentos pero ágiles movimientos.


Se suceden los gigantes a ambos lados, surgiendo de entre la niebla. Moles de hielo con formas imposibles en las que puedes imaginar una seta, un enorme arco que da paso a una cueva, o protuberancias que apuntan hacia el cielo y que las gaviotas aprovechan para reposar. A veces el agua deja transparentar una parte de lo que se prolonga hacia las profundidades. Y en otros casos, incomprensiblemente, el agua mana como si de una fuente se tratara, que surge del interior del témpano de hielo. Fluye sin parar, como si fuera una cascada interminable que aboca en el mar.


En algunas zonas, el agua está cubierta de trozos de hielo que cubren la superficie como si fuera una sopa gélida con tropezones, uno junto al otro, moviéndose levemente y al unísono sobre el mar. El más pequeño de los tropezones no cabría nuestras neveras domésticas.


En la proa del pequeño barco también pueden pasarse las horas siguiendo el vuelo de las gaviotas, intentar comprender por qué se amontonan en algunos icebergs, mientras que otros siguen solitarios su recorrido hacia el mar abierto. O admirar las series que las aves componen en el borde del hielo.


4. Y FIN.

Siempre he pensado que Islandia y Groenlandia deberían intercambiar sus nombres, porque ésta última es el lugar donde reina el hielo por encima de todo. Desde luego por encima del verde que indica su nombre en inglés, Greenland. Sin embargo, recuerdo Islandia (Iceland) como un inmenso páramo verde surcado por el viento.



Francisca Rivera Casares.


Los párrafos en cursiva están tomados de “La señorita Smila y su especial percepción de la nieve”, de Peter Hoeg.


Fuente: OjoDigital
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