jueves, 29 de diciembre de 2011

Tortugas laúd, antiguas navegantes


Es la más grande, se sumerge a mayores profundidades y cubre distancias superiores a las demás. Es la tortuga laúd, y ha resistido durante 100 millones de años. 


Por Tim appenzeller
Fotografías de Brian Skerry


Un día de finales de verano de 1961, el biólogo Sherman Bleakney recibió una llamada telefónica. Unos pescadores acababan de descargar una extraña criatura marina en un muelle de Halifax, en la provincia canadiense de Nueva Escocia. Bleakney, que vivía cerca, quedó fascinado por lo que encontró.
Tumbada patas arriba en medio de un enjambre de curiosos había una inmensa tortuga negra de 400 kilos de peso, con un suave caparazón que parecía de caucho, aletas frontales semejantes a alas y una gigantesca cabeza cónica que recordaba un proyectil de artillería. Bleakney la reconoció como una tortuga laúd, la mayor de las tortugas marinas. Pero, por lo que recordaba el biólogo, las laúd eran criaturas tropicales. ¿Qué hacía, pues, en las grises aguas canadienses?
Sin embargo, cuando empezó a preguntar, se enteró de que los pescadores las veían con regularidad en el Atlántico canadiense. La conclusión, escribió el biólogo en 1965, era inequívoca: «Evidentemente, hay una invasión anual de tortugas de origen tropical en nuestras frías aguas costeras del Atlántico». El examen de algunos ejemplares muertos confirmó su procedencia meridional: uno tenía una ramita de mangle tropical clavada en un ojo; otros llevaban adheridas al cuerpo bellotas de mar típicas de aguas cálidas. Pero las laúd estaban sobreviviendo, incluso prosperando, a temperaturas que otras tortugas marinas no hubieran podido soportar. Aún más extraño fue que en sus estómagos había masas de medusas masticadas, con sus tentáculos urticantes. Los esófagos estaban tapizados de papilas córneas de siete centímetros de largo, inclinadas hacia dentro para retener todas esas presas resbaladizas.









































Muchas tortugas capturadas en el Atlántico Norte llevan marcas aplicadas por otros investigadores, a miles de kilómetros de distancia, en las playas del sur; pero los científicos canadienses que encontraron a este animal no encontraron ningún registro de sus viajes. Antes de liberarlo, lo medirán y pesarán, y tomarán muestras de sangre y de piel, para determinar su estado de salud y realizar estudios genéticos.








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