sábado, 5 de noviembre de 2011

Cañones de Australia


Descenso sin fin

Con cuerdas pero sin GPS, audaces exploradores recorren los recónditos cañones de las Blue Mountains, en el corazón de Australia.

Por Mark Jenkins
Fotografías de Carsten Peter

Los suizos tienen montañas, y por eso escalan. Los canadienses tienen lagos, y por eso reman. Como en Australia tienen barrancos, practican barranquismo, una forma híbrida de locura a medio camino entre el montañismo y la espeleología, sólo que en lugar de escalar, se desciende, a menudo a través de túneles y angostos corredores. A diferencia de otros lugares donde abundan los slot canyons, cañones estrechos que pueden tener cientos de metros de profundidad, como Jordania, Córcega o el estado de Utah, Australia tiene una larga tradición en barranquismo.


Un barranquista desciende por una de las tres cascadas de 45 metros de altura del Kanangra Main Canyon. Cuando sus compañeros hayan bajado, recogerán las cuerdas para usarlas en el siguiente tramo. No hay otra opción que seguir bajando, escalar, saltar entre las piedras y nadar hasta llegar a la salida, en el fondo el barranco.


Cascadas de helechos gigantescos prosperan en el aire húmedo atrapado entre las angostas paredes del Claustral Canyon. Explorado por primera vez en 1963, el cañón recibió este nombre por sus claustrofóbicos pasadizos, y es uno de los barrancos más visitados de la región.


Unos barranquistas avanzan hacia el Claustral Canyon por un bosque lluvioso de palos satinados perfumados, sofocados por las enredaderas, y sasafrás. Para localizar la entrada de un barranco, a veces hay que caminar durante horas, con un equipo de hasta nueve kilos compuesto por cuerdas, traje de neopreno, provisiones y botiquín.


Mark Jenkins, autor del reportaje, se lanza al vacío en uno de los 14 tramos de rápel del Kanangra Main Canyon.


En el Parque Nacional Gardens of Stone, los laberintos de roca esculpidos por la erosión ofrecen grandes desafíos a los escaladores: las vistas desde los alto son especatulares.


«Es como si te tragara la tierra», asegura el fotógrafo Carsten Peter, refiriéndose a la sensación que se apoderó de él mientras atravesaba el Black Hole of Calcutta, en el Claustral Canyon. Los barranquistas experimentados lo evitan cuando ha llovido mucho.


Un cangrejo de río de 30 centímetros de largo elude a un excursionista que vadea una corriente en el Claustral Canyon. El color de estos cangrejos, que los barranquistas llaman yabbies, es un misterio. En algunos ríos son naranjas, mientras que en otros son azules. La diferencia se debe en parte a la pureza del agua: los azules se encuentran en las aguas más cristalinas.


Un barranquista soporta el diluvio de una de las cascadas del Empress Canyon. Los barranquistas aseguran que incluso en un rápel relativamente fácil como éste puedes llegar a sentirte como si se te estuvieras ahogando suspendido en el aire.


Los haces de luz cenital dan al Rocky Creek Canyon una atmósfera de catedral. 


Mientras se desliza por el angosto Tiger Snake, el barranquista David Forbes comprueba que no haya ninguna de las serpientes tigre que dan nombre al barranco.


John Robens (a la izquierda) guía a un grupo de excursionistas por un angosto paso cubierto de musgo en el interior del Claustral Canyon, a pocas horas del lugar de partida. Lo más emocionante del barranquismo es el azar del descubrimiento, dice Robens. «Caminas durante kilómetros y de pronto te encuentras en este lugar mágico.»


Una constelación de luciérnagas resplandece entre la roca y los helechos del Claustral Canyon, una estrategia para atraer a las presas.


Un barranquista lucha por salir de una de las muchas cascadas del Claustral Canyon.


En el Thunder Canyon abundan los helechos. La primera exploración de este cañón tuvo lugar en 1960.


Un barranquista atraviesa una laguna de aguas coloreadas por la presencia de taninos en Rocky Creek Canyon.


El abrupto Wolgan Valley de las Blue Mountains, en las proximidades de Sydney, alberga varios cañones.


La primera exploración del laberíntico Thunder Canyon, llevado a cabo por un grupo de barranquistas en 1960, representó un gran auge en la popularidad de este deporte.


Un barranquista desciende por el Hole-in-the-Wall Canyon en el Parque Nacional Blue Mountains.


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