martes, 5 de julio de 2011

Peneda-Gerês: la joya del norte de Portugal

Un frágil equilibrio

Mezcla de naturaleza virgen y civilización, el Parque Nacional Peneda-Gerês de Portugal se enfrenta a un difícil reto: proteger el medio natural y a la vez integrar en él a la población humana.

Por Tom Mueller
Fotografías de Peter Essick


Al anochecer, el biólogo Francisco Álvares atraviesa el pueblo de Pitões das Júnias, en el norte de Portugal, mientras saluda a viejos amigos. Dos viudas vestidas de negro le tocan el brazo con amabilidad cuando pasa por la esquina donde ellas están sentadas charlando al fresco. Con un movimiento de ca­­beza, Álvares saluda a una adolescente de cabello rubio que acaba de encorralar las 200 cabras de su padre, e intercambia unas palabras de broma con un vaquero que regresa del campo con sus vacas cachenas.



Mezcla de naturaleza virgen y civilización, el Parque Nacional Peneda-Gerês de Portugal se enfrenta a un difícil reto: proteger el medio natural y a la vez integrar en él a la población humana.



En el valle del río Homem florece este bosque de robles, cubierto de musgo y de plantas epifitas. En Peneda-Gerês hay tres zonas climáticas claramente diferenciadas, que corresponden a los diversos hábitats naturales, desde cimas rocosas hasta valles llenos de verdor.



Las aguas frías y cristalinas del río Homem y de otras zonas de baño atraen a miles de visitantes a Peneda-Gerês durante los fines de semana de verano. Estas invasiones estacionales son todo un reto para las personas y los animales que viven en el parque todo el año.



El castillo Lindoso fue clave durante las luchas del siglo XVII que desembocaron en la independencia portuguesa de España.



Las ruinas de un antiguo pueblo sumergido tras la construcción de una presa hidroeléctrica emergen cuando el agua alcanza niveles muy bajos. La huella humana en el parque incluye castillos medievales, centros de peregrinación y algunos hoteles modernos.



El agua es una presencia constante en el parque. En contraste con el soleado sur de Portugal, algunas zonas de Peneda-Gerês reciben lluvia más de cien días al año.



Construidos sobre unas columnas de piedra para mantener su contenido a salvo de los ratones, los tradicionales espigueiros (como se denominan los hórreos en Portugal) y las eras han sido el centro de la vida agrícola desde el siglo XVII, poco después de que los exploradores portugueses y españoles trajeran el maíz del Nuevo Mundo.



Hewing to the old ways, some farmers in Peneda-Gerês still plow behind a team of longhorns, but they are a vanishing breed. Many of the park's traditional villages are dwindling as young people choose jobs in distant cities rather than the hard work and harsh weather endured by their forebears.



Endémicas de la península Ibérica, algunas rarezas botánicas como este lirio de Gerês hallan refugio en los rincones más remotos del parque. Peneda-Gerês es también el hogar del lobo ibérico y el águila real, dos especies amenazadas.



Este reino de cascadas y escarpadas gargantas rocosas que se extiende a ambos lados de la frontera entre el norte de Portugal y España ha sido recolonizado por la cabra montés. Los primeros ejemplares cruzaron la frontera desde un parque contiguo en España hace unos diez años, y hoy ya hay un centenar de animales.



Fuente: National Geographic España
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