lunes, 30 de mayo de 2011

La conquista de una cueva infinita


En el interior de una colosal cueva de Vietnam hay una auténtica selva, en la que no se divisa el final.

Por Mark Jenkins
Fotografías de Carsten Peter
«Después de la mano del perro, cuidado con los dinosaurios», dice una voz en la oscuridad.
Reconozco el seco acento británico y el tono militar de Jonathan Sims, pero no imagino de qué puede estar hablando. Mi linterna frontal da con él y lo ilumina. Está sentado solo en la oscuridad, apoyado en la pared de la cueva. «Sigue tú –gruñe Sims–. Estoy descansando mi maltrecho tobillo.»


Una columna gigantesca envuelta en coladas estalagmíticas de carbonato cálcico se yergue como un coloso sobre los exploradores, que nadan en las profundidades de Hang Ken, una de las 20 cuevas que fueron descubiertas el año pasado en Vietnam.


Un escalador asciende a través de un haz de luz en Loong Con, donde la humedad que asciende entra en contacto con el aire fresco y forma nubes en el interior de la cueva.


En este tramo iluminado de la cueva Hang Son Doong, quizá la galería subterránea
más grande del mundo, cabría un kilómetro de edificios de 40 pisos de altura.


¿Una selva dentro de una cueva? El derrumbe del techo de Hang Son Doong dejó que entrara la luz, lo que hizo que creciera una densa vegetación. Mientras «Sweeny» Sewell sube a la superficie, otros expedicionarios recorren un tramo de la cueva bautizado Jardín del Edam.


La niebla cubre las colinas de los 857,5 kilómetros cuadrados del Parque Nacional Phong Nha-Ke Bang, creado en 2001 para proteger uno de los mayores sistemas de cuevas de Asia. Durante la guerra de Vietnam, los norvietnamitas se escondían en las cuevas para eludir los ataques aéreos norteamericanos. Los cráteres abiertos por las bombas se usan hoy como estanques para criar peces.


Los miembros de la expedición entran en Han En, una cueva excavada por el río Rao Thuong. Durante los meses de sequía el río se reduce a una serie de pozas, pero durante la época de las crecidas el nivel de las aguas puede aumentar hasta unos 90 metros y cubrir las rocas donde están los espeleólogos.


Hacia la mitad de la cueva Hang En el espacio para estar de pie se reduce y los exploradores caminan bajo un techo que presenta las marcas de corriente dejadas por las aguas que han circulado con fuerza durante miles de años. El río emerge a la superficie poco después de este punto para, tras unos pocos kilómetros, enterrarse de nuevo en Hang Son Doong.


Como si fuera una cascada petrificada, una pared de caliza estriada, teñida de verde por las algas, detiene a los asombrados espeleólogos durante el recorrido. En seguida encontrarán el final de Hang En.


Las rocas cubiertas de musgo y un desnivel de 10 metros ponen a prueba a Mark Jenkins en la entrada de Hang Son Doong, perdida en la espesura. «Estas cuevas son enormes, pero no las ves hasta que estás encima», dice. Los buscadores de cuevas a veces las descubren cuando sienten ráfagas de aire procedentes de grietas en el suelo.


En las amplias cámaras de Hang Son Doong la vida brota en los lugares adonde llega la luz del sol, nada que ver con lo que suelen ver los espeleólogos. Helechos y otras plantas colonizan los gours. En las selvas que crecen bajo las aberturas del techo de la cueva se han visto monos, serpientes y aves.


Las perlas de las cavernas, llamadas pisolitas, rellenan los gours secos cerca del Jardín del Edam, en la cueva Hang Son Doong. Esta infrecuente acumulación de piedras esféricas se formó a lo largo de los siglos por la acreción de finas capas de calcita dejadas por el agua alrededor de los granos de arena.


Tratando de orientarse en un laberinto cubierto de algas, Deb y Howard Limbert, organizadores de la expedición, encabezan la marcha a lo largo del accidentado perfil de Hang Son Doong. Los escalones se forman cuando el agua saturada de calcita desborda las lagunas.


Como si fuese un castillo en la cima de un cerro, una formación rocosa resplandece bajo un tragaluz en la cueva Hang Son Doong. Una tormenta acaba de llenar de agua la laguna, señal de que la temporada de exploraciones está tocando a su fin.


El mayor desafío del equipo de expedición fue encontrar el modo de salvar la Gran Muralla Vietnamita, una colada estalagmítica desplomada que bloqueaba el paso de los espeleólogos hacia las profundidades de Hang Son Doong. En la imagen, los escaladores «Sweeny» Sewell y Howard Clarke colocan los anclajes para asegurar las cuerdas que sostendrán su peso. Una vez conquistada la pared, el equipo descubrió un segundo acceso a la cueva.


Apodada la Gran Muralla Vietnamita, el muro de 60 metros impidió el avance del primer equipo que entró en Hang Son Doong, en 2009. Cuando los exploradores regresaron, Sewell colocó anclajes para que los escaladores pudieran salvar el obstáculo. La franja blanca a la derecha de la imagen muestra el punto más alto que alcanza el agua durante la estación húmeda.


«Fue como si pasara un tren», dijo «Sweeny» Sewell para describir el ruido que se produjo un segundo antes de que cayera una cascada por la dolina Cuidado con los Dinosaurios. Un excepcional aguacero fuera de estación produjo la rugiente escorrentía. ¿Tuvieron miedo los espeleólogos de ahogarse? «Quizá si la cueva hubiera sido más pequeña –dijo el jefe de la expedicion Howard Limbert–, pero no en ésta.»


En la estación seca, desde noviembre hasta abril, los espeleólogos pueden explorar sin peligro Hang Ken, con sus lagunas poco profundas. Pero cuando llega el monzón, la crecida del río subterráneo inunda las galerías y la cueva se vuelve impracticable.


Un escalador desciende en rápel unos 70 metros por la única entrada posible a Hang Loong Con. Un equipo de exploración descubrió la cueva en 2010 y confiaba que conectara con la enorme Hang Son Doong. Un muro de peñascos bloqueaba el camino, pero una fuerte corriente de aire indicaba que al otro lado se encontraba una gran caverna.


La luz procedente de la superficie desvela unas estalagmitas de diferentes grosores en el suelo de Hang Loong Con. Los espeleólogos llamaron a este nuevo hallazgo el Jardín de los Cactos.



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