sábado, 2 de octubre de 2010

Amores marinos



Al final del invierno austral, los elefantes marinos regresan a tierra firme, donde protagonizan dantescas escenas de apareamiento.

Por Susan Casey
Fotografías de Yva Momatiuk / John Eastcott

Cuando se habla de depredadores oceánicos, es fácil subestimar al elefante marino del Sur. No tiene el porte majestuoso del cachalote, ni el perfil hidrodinámico del gran tiburón blanco, ni el magnífico coeficiente intelectual de la orca. Tampoco posee el aura de misterio y peligro del calamar gigante y de la foca leopardo. ¡Y vaya físico! ¿Qué decir de su nariz, esa absurda trompa a la que debe el nombre, que puede medir hasta medio metro de largo? A juzgar por las apariencias, Mirounga leonina es una criatura realmente extraña, se diría que una bestia inadaptada. Grande como un automóvil y parecido a un dirigible, cuando está fuera del agua generalmente se le puede ver tumbado en la playa o arrastrándose con dificultad. Pero la verdad está más allá de las apariencias. Ciertamente no es una top-model, pero, oculto bajo su aspecto adiposo, el elefante marino se revela como un superhéroe, y su vida, como una sucesión de magníficas proezas. 

Galería de fotos aquí


Fuente: National Geographic
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