viernes, 17 de julio de 2009

La concha sobre la arena , al atardecer y ellos.



Se perdieron en las sombras como cada atardecer
huyendo despacio a esconderse de las miradas
fugados a la enramada que estaba cerca del mar

Iban de la mano contando sus historias mas intimas
nadie los escuchaba hablar solos pasaban.

El horizonte era una luz mortecina y pura de matices envidiables
desde la orilla un viejo pintor lloraba sobre el lienzo
como lloran los padres que han perdido un hijo
al no poder copiar tanta intensa bondad de la naturaleza.

Arrastra ligeramente oblicua pasa lamiéndolo todo
Las faldas de poco vuelo, las piernas dobladas
El pecho que acumulando tanta pesadumbre rebosante.

Sobre los niños que juegan
Entre los hombres distantes
Cae despacio, penetrante invade todo
Nos habla un lenguaje extraño.

Una oscura silueta de verdaderos encantos pulida atrae la vista
La hermosa curva de sus líneas perfectas asombra
A llegado del mar en la vuelta de una ola

El viento la vio descender de la cresta solitaria y los ojos la encontraron
En medio de la tarde moribunda
con unas gotas de agua deslizadas por los bordes.

Los niños que saben de la belleza, como ningún otro ser
poco a poco se van acercando sin atreverse a tocarla
La gota de un gris plomizo arroja sobre la playa
Destellos de lumbre pura de la divina belleza.

Y sobre la piedra, los niños y sobre la arena el mar
la mirada del artista cesa de llorar.

Como memoria de alguien que ha quedado silencioso.

Como un sueño
una diminuta muestra de la potencia y la fuerza, las ideas pasan.

Acariciar siempre
acariciar sobre la piedra
La fuerza bruta del mar.
Hasta hallar la perfección.
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