sábado, 20 de junio de 2009

Una Carta

Todavía no he conseguido distinguir el porque de mis lágrimas. No sé si son porque aún tengo tu imagen conmigo (en pensamiento), o si porque no te diste la oportunidad de conocerme mas y mejor…no lo sé.

Quería tanto que te encontraras feliz con tu PAZ y que tu alma se encuentre libre de cualquier pesadilla. Quiero verte feliz y con el alma limpia y no maltratada. Con el corazón puro y no deshecho. Quería tanto haberte visto sonreír…pero no pudo ser.

Guardo conmigo las bellas palabras que me dijiste y caíste en contradicción. Acuérdate, me fui para darte tranquilidad. Apenas ofrecí mis manos para ayudar…no continúes alimentando ideas que puedan confundirte y destruirte.

El sufrimiento madura y deja a las personas más fuertes, son momentos que nunca había vivido. Intento encontrar paz para mi alma, lo necesito para poder seguir el camino, para no volver a sentir miedo. No sé cuanto me queda. No te olvides que todo lo que hice y dije no estuvo lo bastante cerca de todo aquello que me hubiera gustado que conocieras de mí.

Rellenaste mi necesidad de tener a alguien que me protegiera, de tener a alguien así: persona, porque tú eres persona. Lo sé. Tal vez haya sido yo quien te hirió en tu paz. Si fue así aquí quedan mis disculpas, mi petición de perdón.


En este momento busco el beso más tierno, más sincero, más fiel y más amigo para dárselo a tu alma. Sé que te hará bien.

Con mucho cariño…


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