viernes, 22 de mayo de 2009

Vila Mar- Praia Grande – São Paulo

Los mejores recuerdos de mi infancia se remontan a este lugar que le decían Vila Mar y que mis padres y nosotras llamábamos “la casa de la playa”.
En aquella época todo era diferente a veces cuando cuento las historias, mis sobrinos se quedan mirándome como si les estuviera hablando de la edad de piedra, hasta se burlan de mi preguntando si habían dinosaurios. Alucinante, tampoco hace tanto de eso…

Yo tenía dos amigos, Nilton y Mauro. Mi madre nos solía llamar “os diabinhos” que traducido al español podría ser “los diablillos” y éramos inseparables.

Reconozco que le di muchos dolores de cabeza a mi madre porque era muy traviesa, bueno, algo de eso aún queda por ahí.

Como les decía en aquella época no había el servicio de recogida de basura y lo que se hacía es que había un hueco enorme dónde todos los vecinos tiraban la basura y cada dos días se quemaba. Aquello era súper divertido para nosotros, sobretodo porque nos prohibían tirar los envases vacíos de aerosol, como los de repelente de mosquitos al hueco, porque con el calor del fuego explotaban, pero claro bastaba que algo fuera prohibido que allá íbamos los tres a saltarnos las normas.

Por supuesto que lo tirábamos, es más buscábamos los envases vacíos por todas partes justamente con ese fin y cuando explotaba y sonaba como una bomba nos partíamos en dos riéndonos. He buscado entre un montón de fotos viejas a ver si había alguna del “hueco” pero no. La única imagen que hay de eso está en mi memoria. Es cierto que la tecnología avanza a pasos de gigantes pero aún no se puede transferir imágenes de nuestra memoria al blog, pero quien sabe un día llegamos a eso.

También recuerdo jugar a policía y ladrón, escondiéndonos en las casas que estaban vacías. Una vez nos confundimos y nos pillaron, menuda bronca que nos llevamos. Mi madre me castigo 3 días sin salir a jugar y eso era lo pero que me podía pasar. Desee muchas veces que me pegara con tal de poder salir a la calle, pero no, jamás me puso la mano en cima, pero me quede en casa muchas veces.

Otra de las cosas que me fascinaba de estar allí “en la casa de la playa” es que siempre, salvo raras, excepciones andaba descalza. Me encanta hasta hoy andar descalza. Cuando peor lo pasaba era cuando acababa el verano y había que volver a la ciudad. No piensen ustedes que me ponía triste por el colegio, no, me ponía triste porque tenía que ponerme zapatos y lo que yo quería era estar eternamente descalza.

Es curioso yo era feliz en esa época y no lo sabía.




Con mis padres y mi hermana en "la casa de la playa"

Rectifico, he encontrado una foto dónde se puede tener idea de dónde estaba el hueco. A la izquierda de la foto hay un especie de palmera "mocha", ahí estaba el hueco.
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